Archive for the ‘Personas’ Category

Nadie
8 marzo 2009

El Tao engendra el Uno
El Uno engendra el Dos
El Dos engendra el Tres
y el Tres engendra los diez mil seres

Lao Zi

Imagino que la lectura de la traducción de un poema filosófico chino de hace unos cuantos miles de años, a causa de la distancia temporal, lingüística e idiomática y a falta de una investigación más profunda, requiere más de inventiva que de interpretación. Personalmente, me agrada leer estos versos de Lao Zi porque semejante resumen minimalista de la creación se presta a ser leído como una serie de instrucciones para la “autocreación” personal, por qué no, para la auto-re-construcción personal, y en mi opinión ayudan a cimentar perfectamente cualquier proyecto -desde el Tao (la nada), pasando por la idea, hasta la compleja realización del Todo-. Lo bueno de la ambigüedad es que este Génesis taoísta puede ser leído de cualquier forma, para cualquier cosa, y completado perfectamente con otras palabras de Lao Zi que, sin duda, son de áninmo: “Un viaje de mil li comienza con un solo paso” (hoy me permito citar sin referencias). Quiero que leais esto, porque quiero que os sea realmente útil:

The way that can be spoken of
Is not the constant way;
The name that can be named
Is not the constant name.

The nameless was the beginning of heaven and earth;
The named was the mother of the myriad creatures.

Hence always rid yourself of desires in order to observe its secrets;
But always allow yourself to have desires in order to observe its manifestations.

These two are the same
But diverge in name as they issue forth.
Being the same they are called mysteries,
Mystery upon mystery –
The gateway of the manifold secrets.

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Ateos
8 enero 2009

Vivo en una ciudad que, creo, no se va a ver salpidada por el pulso, en principio amistoso, de mensajes publicitarios en los autobuses, por un lado el que proclama que “probablemente” Dios no existe, y su réplica religiosa que proclamará, imagino, su existencia, su omnipotencia, su omnipresencia y su todopoderosa vigilancia desde las alturas.

Ya sabemos que, pese a la omnividente presencia del ojo divino, cual Sauron bíblico, en ocasiones acechante y castigadora, paradójicamente, los objetivos de la presencia del Altísimo consisten en impartir justicia divina sobre nuestra nimia existencia, que ganen los buenos y se castigue a los malos al final -en un final al que creo que suelen llamar Juicio Final y que llegará un día de estos, quizás tardará aún, ya sabemos como funciona la justicia en España por divina de la muerte que sea-. Dios es esperanza, exista o no, lo dicen desde el clero hasta las tabernas de ateos, pasando por la filosofía y por la ínfima existencia de quien sin pensarlo clama al cielo cuando viene la crisis, la enfermedad o el desamor. De modo que la campaña atea que pretende despertar en la población la conciencia de una “probabilidad” de que Dios no exista viene a decir que, probablemente, después de palmarla no hay nada, seguramente la consecuencia más grave de la inexistencia de Dios.

Cuestiones religiosas aparte, me asustó la iniciativa de los ateos porque, después de una vida ladrándole a predicadores de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo de Todos Sus Santos y Muertos desde detrás de la mirilla, a hechiceros tribales que reparten panfletos por el centro de la ciudad, a brujas tetonas de canal local y adivinos horteras de la farándula, marujas aficionadas a lo espiritual y lo espirituoso, lectores de horóscopos, estudiosos de las líneas de la mano y meros creyentes en la suerte, después de todo eso, digo, me divierte y aterra la idea de que exista, en un futuro próximo, una horda de predicadores ateos que llamen a mi puerta anunciando la inexistencia de un Dios del que, yo ya estoy convencido, no hemos tenido noticias desde hace miles de años, nunca jamás si nos ceñimos a lo documentado con rigor. Y si se diera el caso, Dios no lo quiera existencia figurada mediante, espero que repartieran, al menos, las obras completas de Stephen Hawkin -aunque dicen que no es que sea ateo, es que está enfadado con Dios porque va en silla de ruedas- y otros ateos de renombre.

Lo bonito de la historia es que, parece ser, aún no se ha llegado a las manos, y la posibilidad de abrir un debate religioso elegante es la posibilidad de que la gente abandone las creencias por inercia o tradición, reflexione y elija libremente.

Hijos de puta (encontrar trabajo en tiempos de crisis)
8 enero 2009

Me he acordado, al ver un cartel en el centro, de algunos hijos de puta que andarán ahora cotizando a la alza, sordos de escuchar el clink de sus cajas registradoras y con la mandíbula desencajada de la risa por haberle sacado cincuenta pavos a unos cuantos primos que, por estas fechas, para más inri, serán algunos de los más de tres millones de parados que buscan algún clavo ardiendo al que aferrarse para darle de comer a sus pipiolos y, quién sabe, pillar alguna migaja. Con el sueño perdido por la crisis y usando las nuevas tecnologías es normal pasar horas insertando curriculums en portales de empleo y buscando trabajo por internet, siguiendo los hipervínculos de la esperanza que nos llevan la mayoría de las veces a una pérdida de tiempo supina -aunque, ojo, a veces funciona, lo sé por experiencia-.

Lo peor de los malos tiempos es que el más espabilado aprovecha la desesperación de unos cuantos para hacer negocio con la necesidad de los demás, ofreciendo soluciones rápidas y eficaces a situaciones urgentes que suelen llamarse «trabaja de desde casa», «gana dinero rápido y fácil», «ingresos extra» y títulos por el estilo. Me lo vais a decir en los comentarios, así que para ahorrároslo lo digo yo: es lo de siempre, gente que se aprovecha de gente, gente que roba el dinero a otra gente, etc.

Me he acordado al ver un cartel, escrito a mano, y con un teléfono móvil de contacto, «Genere ingresos extra, preguntar por…», sin el nombre de una empresa ofertante, tan sólo un partícular cuyo nombre no tenía más imagen corporativa que la tinta fotocopiante de la tinta de un nombre escrito a mano sobre una hoja cuadriculada. Me he acordado del día en que me llamaron y aún se me han venido a la cabeza algunos insultos que, si bien son poco originales, destacan por su inadecuada ordinariez y su ingente capacidad de manifestación de odio al hijo de puta que un mal día me ofreció un trabajo desde casa, con el que yo me iba a forrar currando tres horas al día, hace unos años, eso sí, a cambio de dinero:

-Usted recibirá en casa un video formativo en el que le explicamos en que consiste exactamente el trabajo y cómo llevarlo a cabo -decía mi potencial employer de los huevos-, y entonces si está interesado empezará a trabajar con nosotros.

-¿Y en qué consiste el trabajo? -preguntaba yo una y otra vez sin que me respondieran ni de forma clara ni difusa, sólo con negativas.

-Eso lo verá mejor en los videos explicativos.

-Pues envíemelos.

-Por supuesto, don Gotardo, el coste de los videos es de 50 €, cuando los vea puede devolvérnoslos y entonces nosotros le devolveremos el dinero.

Tengo una regla a la hora de buscar trabajo, que debería ser universal: uno trabaja para cobrar, y jamás debe pagar para trabajar (a estas alturas, no es una norma tan obvia, lo sé de buena tinta).

-Ajá, pero explíqueme por encima en qué consiste el trabajo para saber si voy a estar interesado.

-No podría -decía el otro-, es complejo y mejor que lo vea usted en los videos formativos. Si quiere dígame sus datos para que se los envíe a su casa y pueda verlos -me dijo varias veces, ante mi insistencia, que se le debía estar volviendo un tanto incómoda.

-Hay que ser hijo de puta -empecé a decir. El resto del discurso no lo escuchó porque no tardó en colgarme el teléfono, el muy hijo de puta, y hoy, al ver ese cartel en el centro, «Genere ingresos extra, preguntar por…», me he acordado de todos vosotros, los que robais a quien no tiene, los que sacais provecho de la desigualdad y de la desesperación de quien se encuentra en una situación sin salida, timadores de poca monta, especialistas del blanqueo, inventores del timo de la estampita, usureros de billetes de quinientos, me he acordado de vuestra progenie y he deseado un intenso mal fario para vosotros y vuestra maldita desdendencia, buitres hijos de la gran puta.

Blog Action Day: El conde de las aceras
8 octubre 2008

Asi también vive la gente en Granada, por Reven

Así también vive la gente en Granada, por Reven

Reven recogió con su cámara fotográfica este conocido rostro de las calles granadinas. La postura es curiosamente simétrica a la del Señor de Orgaz en el cuadro que pintó El Greco. Uno viste una gabardina que se nos antoja polvorienta, el otro armadura de acero bruñido; sin embargo, después de todo, no somos tan distintos.

           

Detalle de El entierro del Conde de Orgaz (El Greco)

Detalle de El entierro del Conde de Orgaz (El Greco)

Persiguiendo rostros
8 septiembre 2008

Frente a la Catedral Nueva de Plasencia hay una plaza con una fuente rodeada de naranjos. El empedrado es gris, como el cielo, y la fachada del templo está detenida en el tiempo como la brisa que parece detenerse entre las hojas de los árboles. Me he sentado a descansar de tanta mañana, de tanto trajín, de tanto andar entre rostros desconocidos, entre calles nuevas que hablan como si fueran viejas amigas: aquella de allí se inunda de gente como la calle Mesones de Granada y desemboca en la Plaza Mayor, que se parece a veces al fantasma de plaza Bibrrambla. Uno camina perdido en el ritmo sosegado de la ciudad, cruzándose con rostros desconocidos, caras anónimas, y todo se vuelve un trajín lento, un amalgama de gente extraña en la que en ocasiones se cuela un conocido: una mujer que arrastra un carro de la compra, de luto, peinada con desdén como se peinaba la vieja Manolita todas las mañanas para bajar a la frutería; un hombre vestido con rebeca negra y gafas de sol, espigado, que camina despacio como José L. Ballesteros; una moto que cruza rauda un cruce con un hombre que lleva una camisa a cuadros y una mochila roja como la de Paul Bitternut; personas que de espaldas parece ser hombres que habitaron en otro lugar y en otro tiempo. Camino entre viejos fantasmas, desconocidos que invocan durante una fracción de segundo una extraña porción de tiempo que ya no me pertenece. Atravieso la Plaza Mayor, busco referencias a otros tiempos, a otros lugares, y me pierdo en el extraño enjambre de la memoria. Así nos devuelven al pasado las paredes que conservan en cada piedra un capítulo de la Historia.

Paso a paso aparezco frente a la fachada de la Catedral Nueva, que se alza hacia el contraluz de un cielo gris. Tiempo atrás, creo recordar, esas fueron las nubes que florecieron en mis otoños. Me he sentado frente a los naranjos de la plaza a mirar el vacío que hay entre las paredes. Lejos de las calles comerciales, apenas deambulan algunos turistas fuera de temporada, una muchacha que camina con una carpeta rosa debajo del brazo, un hombre entrado en edad que lleva colgada del cuello una cámara de fotos, una mujer que posa a varios metros de distancia de él, un hombre que huye, yo, para escapar de la fotografía, para no ser un intruso fantasma. La chica de la carpeta rosa se acerca con paso presto, quizás adecúe su ritmo al latir de la ciudad allá donde están las tiendas y los bares; lleva unos pantalones vaqueros que se me antojan el sustituto de la fina falda a rayas que quizás utilizara en verano: es ella sin duda la mujer cuyo fantasma yo veía hace tiempo por las calles de Granada, pelo moreno y falda rayas, quien se cruzaba en mi camino y, al volver la cara, en el último momento, desvelaba su identidad desconocida, haciendo así desvanecerse el fantasma de otra mujer. La chica de falda a rayas, que hoy lleva una carpeta rosa debajo del brazo, tiene aún el rostro difuso por la distancia, camina con presura, mirando a veces hacia el suelo como quien busca una intriga, está cercana y al levantar la cabeza descubro en ella un rostro desconocido. Se han estremecido los naranjos por el sabor de la pulpa agridulce del recuerdo, cuando ella ha sonreído y la suave brisa, que se siente aún entre las hojas de los árboles, ha parecido confesar «en este preciso instante, está pensando en ti».