Archive for the ‘Otros artículos’ Category

Reflexionad (Les indignés)
8 mayo 2011

Sigo con interés, con cierta curiosidad y con algo de emoción las concentraciones de los últimos días en las plazas de las principales ciudades españolas, desde el primer germen hace semanas, que tenía algo de movimiento meramente virtual, pasando por la confusión de los primeros días, las primeras salidas a la calle en forma de manifestación, los desalojos y ahora el definitivo establecimiento de la sentada en forma de campamento. No hay forma más clara de decir “estamos aquí” que estar precisamente ahí, a pie de calle, agitando los brazos y llamando la atención.

Sigo la actualidad con la incertidumbre de las próximas horas, acercándonos a una jornada de reflexión que parece será el tiempo en que esa concentración se convierta en algo ilegal. Me pregunto si es ilegal que varios miles de personas alcen la voz y digan: “estamos aquí”. Que hay un pueblo y que ése pueblo debe ser el dueño de su destino es una de esas obviedades que de vez en cuando nos vemos obligados a recordar. Qué mala memoria tiene a veces el ser humano, qué peligroso resulta cuando el gobernante se confunde con el poderoso, qué injusto cuando los poderosos son sólo unos pocos.

Sigo las concentraciones también con admiración, con la sensación de que recordaremos estos días como aquellos en los que varios miles de españoles se levantaron para reclamar algo y no necesitaron utilizar la violencia para hacerse escuchar, bastó su sola presencia ¿Existe algo más poderoso que el intento de hacer un mundo mejor sin utilizar más fuerza que la razón ni más violencia que la de la presencia pacífica? Pero me gusta más aún que el mensaje sea de unidad, que se cuenten las personas por miles y manifiesten su heterogeneidad ideológica, que la protesta no sea de un grupo contra los demás, que no se trate de una propuesta como alternativa a otra ¿Estarán realmente, de una vez por todas, las dos españas unidas en una plaza? Me gustaría pensar que sí.

Hace poco más de una semana leí Indignaos, el libro de Stéphane Hessel que tanto ha dado que hablar últimamente. Se trata de un pequeño texto que invita a la indignación, a la agitación ideológica no violencia -algo muy similar a lo que sucede en las plazas de España estos días- y que se argumenta en la posibilidad de cambiar el sistema saliendo de la comodidad del sofá. Leí el libro y pensé que el título era una mera estrategia de marketing: debería haberse titulado Reflexionad, reflexionad porque debéis ver más allá de lo que os cuentan, reflexionad porque tenéis el deber de ser críticos con el sistema y con lo que veis, reflexionad porque no es necesario estar de acuerdo con todo, reflexionad porque existen alternartivas y, ante la injusticia, indignaos, indignaos con toda la fuerza de la razón, sin un ápice de violencia, pero indignaos.

Entiendo las manifestaciones de estos días como una forma de espolear la razón de la ciudadanía: reflexionad, reflexionad y si lo creéis conveniente indignaos. Y con ese nombre se refieren los medios de comunicación a los manifestantes: los indignados. Pero el mensaje, que lucha por escapar de todo signo político, llama a al razonamiento: reflexionad, reflexionad e indignaos. Esta noche, cuando comience la jornada de reflexión, la concentración, si no prosperan los recursos, se convertirá en algo ilegal, y entonces, desde la ilegalidad, esos miles de personas con su sola presencia estarán diciendo: estamos aquí, reflexionad, reflexionad en la jornada de reflexión. Y las leyes, que a veces nos parecen absurdas, estarán diciendo que, en aras de preservar la libertad de reflexión de cada cual, no podemos llamar a la reflexión.

¿Pero cuál será la propuesta? ¿Cuál es la alternativa sobre la mesa? La respuesta es fácil: aún no hay, y me atrevo a decir que no la hay porque no es necesaria, no es necesaria en este preciso instante, será necesaria el lunes, será necesaria cuando llegue el momento de trabajar. Ahora es el momento de abandonar las quejas y no lamentarse nunca más, de estimular la razón y la autocrítica, ahora es el momento del pensamiento: reflexionad, reflexionad e indignaos.

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Así se despobló Cáparra
8 diciembre 2008

La Historia aguarda a la entrada de Cáparra, en un centro de interpretación donde se exponen hallazgos, maquetas, reconstrucciones. Se trata más que de un mero museo de un ejercicio para que el visitante se embeba en la historia de una ciudad desde su fundación hasta su abandono -son pocas las ocasiones que tiene el turista o el curioso de visitar lugares completamente libres de la presencia de moradores o transeúntes, y Cáparra alberga la posibilidad de fantasear ante un descubrimiento falsamente propio, gracias en parte a la poca afluencia de visitantes–. Se trata de implicarse en la historia, de iniciarse en los años en que la ciudad existió como tal, antes de convertirse en poco más que unos restos, de entender el cómo y el porqué de los enterramientos excavados más allá de sus murallas, de ver en la piedra lo que fue tránsito de gentes o de aguas, de intuir en el terral moradas y establos, termas y trajín de mercantes. Después viene el descubrimiento, el abandono a lo que queda de la ciudad después de que sus últimos habitantes la dejaran allá por los años de la invasión Napoleónica, siglos de historia de una ciudad desvanecidos como un grupo de amigos que, reunidos en un bar, se levantan uno a uno y se marchan sutilmente dejando atrás apenas los restos de su pasada presencia, unos vasos con restos de líquido, unos platos sucios, colillas apagadas en un cenicero –de ahí viene el dudosamente popular dicho de «así se despobló Cáparra»

Extracto del artículo que he escrito este mes para la sección de viajes del Diario Identidad (páginas 11 y 12), donde podeis leerlo entero.

Diario Identidad en los medios
8 octubre 2008

Como secuela del Blog Action Day 2008. Poverty,  les quiero dejar este artículo de Emilio Fuentes que recogía hace unos días La Opinión de Granada sobre Diario Identidad, y que empieza así:

Un periódico es un puzle de noticias. La información tiene muchas caras, decenas de protagonistas. El mensaje puede distanciar o unir a cientos, a miles de personas. Un grupo de jóvenes profesionales granadinos, entre los que destacan dos comunicadores, se han servido de ello para trazar un inmenso puente sobre el Atlántico, un viaducto de papel construido con las letras y el formato de un diario. Otras grandes empresas lo habían hecho antes. Su idea, sin embargo, no ha perdido ni un ápice de originalidad, pues la fuerza que la hace posible sienta sus bases en la solidaridad. 

Sé de buena tinta que es un proyecto en el que hay implicada mucha gente que está realizando un trabajo muy duro y que merecen muy buena suerte.

El placer verdadero de leer
8 octubre 2008

Leemos con avidez o no leemos. Buscamos historias, paisajes, lugares que nos apasionen, y si no los encontramos en el libro que estamos leyendo lo desechamos, buscamos en otras páginas. El ser humano necesita la ficción, según a quién preguntemos nos dirá que la necesita para entretenerse simplemente o para soportar la dureza de la realidad. Nos quedaremos nosotros con la enriquecedora experiencia de asomarnos, a través de un libro, a los ojos de otra persona, y aún más, dejar que esta persona nos arrastre a su antojo por cada página. Recuerdo aún con cariño, incluso con emoción, algunos libros que leí hace ya años y con los que de alguna forma aprendí a imaginar -y uno debe ser capaz de imaginar lo que no tiene o no existe para cambiar lo tangible-, sobre todo los de Michael Ende, Roal Dahl, varias novelas de Enid Blyton. Con Jim Botón y Lucas el maquinista -y con Momo- descubrí que no sólo lo inmediato es real: más allá de lo que uno ve, del suelo que pisa, del instante en el que habita, hay otros mundos, otros tiempos, otras personas que no son imaginarias, sino tangibles aunque en un espacio distinto al nuestro; supe leyendo Jim Botón y Lucas el maquinista que algún día tendría que salir a buscar ese espacio tangible del mundo que para mí era desconocido.

[…]

Así comienza el artículo que he escrito este mes para la sección de literatura del Diario Identidad (páginas 16 y 17), donde podeis leerlo entero.