Ateos

Vivo en una ciudad que, creo, no se va a ver salpidada por el pulso, en principio amistoso, de mensajes publicitarios en los autobuses, por un lado el que proclama que “probablemente” Dios no existe, y su réplica religiosa que proclamará, imagino, su existencia, su omnipotencia, su omnipresencia y su todopoderosa vigilancia desde las alturas.

Ya sabemos que, pese a la omnividente presencia del ojo divino, cual Sauron bíblico, en ocasiones acechante y castigadora, paradójicamente, los objetivos de la presencia del Altísimo consisten en impartir justicia divina sobre nuestra nimia existencia, que ganen los buenos y se castigue a los malos al final -en un final al que creo que suelen llamar Juicio Final y que llegará un día de estos, quizás tardará aún, ya sabemos como funciona la justicia en España por divina de la muerte que sea-. Dios es esperanza, exista o no, lo dicen desde el clero hasta las tabernas de ateos, pasando por la filosofía y por la ínfima existencia de quien sin pensarlo clama al cielo cuando viene la crisis, la enfermedad o el desamor. De modo que la campaña atea que pretende despertar en la población la conciencia de una “probabilidad” de que Dios no exista viene a decir que, probablemente, después de palmarla no hay nada, seguramente la consecuencia más grave de la inexistencia de Dios.

Cuestiones religiosas aparte, me asustó la iniciativa de los ateos porque, después de una vida ladrándole a predicadores de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo de Todos Sus Santos y Muertos desde detrás de la mirilla, a hechiceros tribales que reparten panfletos por el centro de la ciudad, a brujas tetonas de canal local y adivinos horteras de la farándula, marujas aficionadas a lo espiritual y lo espirituoso, lectores de horóscopos, estudiosos de las líneas de la mano y meros creyentes en la suerte, después de todo eso, digo, me divierte y aterra la idea de que exista, en un futuro próximo, una horda de predicadores ateos que llamen a mi puerta anunciando la inexistencia de un Dios del que, yo ya estoy convencido, no hemos tenido noticias desde hace miles de años, nunca jamás si nos ceñimos a lo documentado con rigor. Y si se diera el caso, Dios no lo quiera existencia figurada mediante, espero que repartieran, al menos, las obras completas de Stephen Hawkin -aunque dicen que no es que sea ateo, es que está enfadado con Dios porque va en silla de ruedas- y otros ateos de renombre.

Lo bonito de la historia es que, parece ser, aún no se ha llegado a las manos, y la posibilidad de abrir un debate religioso elegante es la posibilidad de que la gente abandone las creencias por inercia o tradición, reflexione y elija libremente.

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