De retratos imposibles

La primera vez que vi al Tostao vestía una camisa ancha, a cuadros, creo recordar, y llevaba el pelo más largo, incipientemente a lo afro; los dos estábamos sentándonos en Lengua Española I y, pocos días después, coincidimos en bancas contiguas. Según recuerdo, después de intercambiar algún comentario neutro y simpático típico de recién conocidos, nuestra amistad se empezó a fraguar a las puertas de la Facultad de Traducción e Interpretación de Granada, con un par de cigarrillos de por medio y pipiolas ululando azotadas por la historia de los trabajos que se avecinaban.

Alguna vez intenté retratar con literatura al Tostao, porque, según supe con el tiempo, su vida estaba estrechamente relacionada con las artes -creando así un vínculo de afinidad conmigo- de una forma peculiar: se había erigido en la historia de los anonimatos no como un creador, sino como un personaje novelesco. Sé de buena tinta que aprendió pronto a defenderse a hostias en la vida, y pese a eso desarrolló una parsimonia que, junto a su manifiesto parecido con Pablo Milanés, fue el rasgo que más llamó mi atención de su personaje. Antes de presentárselo a algún otro amigo siempre decía «te voy a presentar a un hombre que es igual que Pablo Milanés de joven», y si hablaba de él con alguien que no le conocía me esmeraba en describir la lentitud con que recogía el papelamen en clase mientras las niñas salían corriendo, la parsimoniosa forma de recrease en el acto de levantarse de la silla y salir despacio, con mucha calma, charlando con todo el mundo, por los pasillos de la planta baja del Palacio de las Columnas, y ya en la puerta empezaba a sacar un cigarrillo, se detenía poco más allá del marco de la puerta y buscaba en sus bolsillos un mechero, charlando lenta y reflexivamente, midiendo las palabras, en una operación que duraba minutos y que desembocaba en una extraña forma de prender el cigarrillo y fumar lentamente, expulsando el humo más denso que jamás he visto, como si inflara un globo con susurros.

Poco después de conocernos, yo presenté un cuento de cuyo nombre no quiero acordarme. Estaba previsto que al acto no acudieran más de veinte o treinta personas, pero el Tostao, que apenas me conocía, movido por algún tipo de curiosidad que le obliga a meterse en cualquier lugar en donde nunca ha estado, movilizó a unas cuantas compañeras de la facultad y pasó por allí en una noche que, si no me falla la memoria, apenas dos o tres personas se preocuparon por leer mi cuento, pero sirvió para que aquel negro grandullón y yo iniciáramos una serie de rutas por tabernas y charlas a las que nos entregamos durante tan solo unos meses: fueron días de cerveza espesa, de conversaciones lentas como el humo, de llegar a casa trasnochado oliendo a whisky y tabaco.

Yo estaba convencido de que quería emplear mi vida en contar historias del mismo modo que el Tostao se dedicaba tranquilamente a vivirlas, lo que me provocó cierto conflicto que, si bien no he llegado a resolver, me llevó a pensar que hay que vivir la vida lentamente, no con la presura y el vértigo de que hacen gala los vividores, sino con la calma con la que el humo surgía de los pulmones del Tostao, enredándose en espirales que se detenían a mirarnos a los ojos antes de deshacerse en el aire. Aprendí de él que a los negros, cuando se asustan, en lugar de palidecer se ponen de un color gris, gris como el humo de los cigarrillos del tostao, quien era tranquilo hasta para pasar miedo.

No sé cuánto tiempo lleva componiendo canciones, o improvisándolas, pero imagino que habrá necesitado años para llegar, quizás por casualidad, a una carretera acompañado de una guitarra, una armónica y una cámara de video. Hace unos días me envió éste video, y estoy convencido de que es el mejor retrato del Tostao, el retrato que, mediante la literatura, yo tantas veces intenté esbozar sin éxito.

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4 comentarios

  1. En fin, qué puedo contar yo al respecto… No sé todavía ni cómo me atrevo a responder a algo tan emocionante como tu desglose de mi dudosa personalidad. No sabría de qué forma agradecerte todo lo que has sabido contar sobre mí; no sabría de qué forma admirar tus observaciones tan acertadas porque sólo tú conoces el fundamento innato que encierra tu ser;no sabría cómo componer sin haberte conocido. Muchísimas Gracias, Monsieur Gottard!!!

  2. Gotardo….Amen.
    Tostao, me alegra saber ke sigues con tus canciones, pegao a tu guitarra y que incluso la has “tuneao” :P
    Ya mismo me vuelvo a Granada asi ke si alguno de los dos pasa por alli dadme un toke ke exemos unas birras:D
    Greetings from Ireland,
    (Sorry por la falta de acentos, es problema del teclado, no es que se me hayan olvidado la gramatica/ortografia espanyola en unos meses):P

  3. Es magia todo lo que recuerdo alrederor de mi Antonio! Yo le conocí hace mucho y también desde hace mucho no le he vuelto a ver…Fui espectadora de honor de sus primeras canciones y fan incondicional. Siempre nos ha unido algo especial, algo que no puedo explicar y que perdurará siempre…Me hubiera encantado haber sido testigo de sus años de facultad, de la mágico que esa nueva etapa implica, y de la incorporación de esa armònica…Muchos besos Antonio! :o)

  4. Hey, aquí el autor del video. Como le dije al Tosty mil veces: “contigo, con darle al rec es suficiente”.

    Enhorabuena por el blog. Estaré al loro de lo que cuentes.

    Un saludo!

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