El placer verdadero de leer

Leemos con avidez o no leemos. Buscamos historias, paisajes, lugares que nos apasionen, y si no los encontramos en el libro que estamos leyendo lo desechamos, buscamos en otras páginas. El ser humano necesita la ficción, según a quién preguntemos nos dirá que la necesita para entretenerse simplemente o para soportar la dureza de la realidad. Nos quedaremos nosotros con la enriquecedora experiencia de asomarnos, a través de un libro, a los ojos de otra persona, y aún más, dejar que esta persona nos arrastre a su antojo por cada página. Recuerdo aún con cariño, incluso con emoción, algunos libros que leí hace ya años y con los que de alguna forma aprendí a imaginar -y uno debe ser capaz de imaginar lo que no tiene o no existe para cambiar lo tangible-, sobre todo los de Michael Ende, Roal Dahl, varias novelas de Enid Blyton. Con Jim Botón y Lucas el maquinista -y con Momo- descubrí que no sólo lo inmediato es real: más allá de lo que uno ve, del suelo que pisa, del instante en el que habita, hay otros mundos, otros tiempos, otras personas que no son imaginarias, sino tangibles aunque en un espacio distinto al nuestro; supe leyendo Jim Botón y Lucas el maquinista que algún día tendría que salir a buscar ese espacio tangible del mundo que para mí era desconocido.

[…]

Así comienza el artículo que he escrito este mes para la sección de literatura del Diario Identidad (páginas 16 y 17), donde podeis leerlo entero.

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2 comentarios

  1. Que recuerdos… me imagino que como muchos Momo fue mi primer libro ;)

    Animo!

  2. Recién aterrizo en tu blog y como buena lectora he acudido a la fuente completa del texto.
    Creo que, como tú dices, todos los que leemos en un momento determinado lo hacemos por una serie de motivos que pueden variar a lo largo del tiempo.
    Yo empecé leyendo libros de fantasía porque como buena soñadora adoraba el mundo utópico de ideales y amores imposibles que planteban y porque no me gustaba demasiado el mundo que me había tocado vivir.
    Luego fui madurando y leí por el puro placer estético que conlleva el hecho de la lectura, emocionándome con las historias y los mundos que se me descubrían.
    Después, como filóloga, desde lo profesional, acercándome a los clásicos.
    Y ahora, como profesora, lectora y soñadora (que lo sigo siendo) con una mezcla de los tres, intentando ser una buena “vendedora de palabras” como Belisa Crepusculario en el cuento de Isabel Allende.
    A las citas de autores que nombras sumaría un verso de un poema de Unamuno: “Leer, leer, leer, vivir la vida que otros soñaron…”

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