Persiguiendo rostros

Frente a la Catedral Nueva de Plasencia hay una plaza con una fuente rodeada de naranjos. El empedrado es gris, como el cielo, y la fachada del templo está detenida en el tiempo como la brisa que parece detenerse entre las hojas de los árboles. Me he sentado a descansar de tanta mañana, de tanto trajín, de tanto andar entre rostros desconocidos, entre calles nuevas que hablan como si fueran viejas amigas: aquella de allí se inunda de gente como la calle Mesones de Granada y desemboca en la Plaza Mayor, que se parece a veces al fantasma de plaza Bibrrambla. Uno camina perdido en el ritmo sosegado de la ciudad, cruzándose con rostros desconocidos, caras anónimas, y todo se vuelve un trajín lento, un amalgama de gente extraña en la que en ocasiones se cuela un conocido: una mujer que arrastra un carro de la compra, de luto, peinada con desdén como se peinaba la vieja Manolita todas las mañanas para bajar a la frutería; un hombre vestido con rebeca negra y gafas de sol, espigado, que camina despacio como José L. Ballesteros; una moto que cruza rauda un cruce con un hombre que lleva una camisa a cuadros y una mochila roja como la de Paul Bitternut; personas que de espaldas parece ser hombres que habitaron en otro lugar y en otro tiempo. Camino entre viejos fantasmas, desconocidos que invocan durante una fracción de segundo una extraña porción de tiempo que ya no me pertenece. Atravieso la Plaza Mayor, busco referencias a otros tiempos, a otros lugares, y me pierdo en el extraño enjambre de la memoria. Así nos devuelven al pasado las paredes que conservan en cada piedra un capítulo de la Historia.

Paso a paso aparezco frente a la fachada de la Catedral Nueva, que se alza hacia el contraluz de un cielo gris. Tiempo atrás, creo recordar, esas fueron las nubes que florecieron en mis otoños. Me he sentado frente a los naranjos de la plaza a mirar el vacío que hay entre las paredes. Lejos de las calles comerciales, apenas deambulan algunos turistas fuera de temporada, una muchacha que camina con una carpeta rosa debajo del brazo, un hombre entrado en edad que lleva colgada del cuello una cámara de fotos, una mujer que posa a varios metros de distancia de él, un hombre que huye, yo, para escapar de la fotografía, para no ser un intruso fantasma. La chica de la carpeta rosa se acerca con paso presto, quizás adecúe su ritmo al latir de la ciudad allá donde están las tiendas y los bares; lleva unos pantalones vaqueros que se me antojan el sustituto de la fina falda a rayas que quizás utilizara en verano: es ella sin duda la mujer cuyo fantasma yo veía hace tiempo por las calles de Granada, pelo moreno y falda rayas, quien se cruzaba en mi camino y, al volver la cara, en el último momento, desvelaba su identidad desconocida, haciendo así desvanecerse el fantasma de otra mujer. La chica de falda a rayas, que hoy lleva una carpeta rosa debajo del brazo, tiene aún el rostro difuso por la distancia, camina con presura, mirando a veces hacia el suelo como quien busca una intriga, está cercana y al levantar la cabeza descubro en ella un rostro desconocido. Se han estremecido los naranjos por el sabor de la pulpa agridulce del recuerdo, cuando ella ha sonreído y la suave brisa, que se siente aún entre las hojas de los árboles, ha parecido confesar «en este preciso instante, está pensando en ti».

Anuncios

2 comentarios

  1. Esa chica de falda a rayas en verano y vaqueros ahora, parece que está siempre pensando en ese chico.

  2. Deseo…mire dónde mire te veo. Esto pareces decir refiriéndote de nuevo a esa chica, a ese fantasma que buscas con denuedo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: