París
8 Agosto 2009
París era una mancha oscura: un borrón turbio en la esperanza de unos, una calle húmeda y nocturna, llena de putas, en la memoria de otros. Habíamos leído Rayuela tantas veces que nos creíamos cómplices de una vida Bohemia que jamás conocimos. Nos reuníamos, es cierto, y escuchábamos a John Coltrane y bebíamos whisky de marcas cada vez más caras, pero yo nunca estuve en París, ni vi el cielo derramarse sobre el río Sena esperando a una Maga casual que, cruzando un puente, me mirara desde el cobijo amarillo de su paraguas. París era un sueño lejano, el eterno porvenir de una conquista que nunca llegó, un póster de la Tour Eiffel tras el humo espeso de varios cigarrillos rubios; París era un ente ajetreado, Nuits de Saint Germain des Prés, un clarinete sutil y suave como la soledad en el recuerdo imaginario del cuello de una mujer morena, esa mezcla de olor a perfume y a piel, a lana de jersey de cuello alto, a silencio.
Cuando íbamos al ático, a Espiga le gustaba barajar las cartas sosteniendo el cigarrillo entre los labios, debía ser consciente de que el ceño se le fruncía en un rictus de piedra y humo, los demás charlaban y la Gran Vía de Granada efervescía lejana, como lava, como purgatorio, un encontronazo henchido de desengaño, un París pero al revés. Las ciudades nos reflejan tal y como somos, vísceras invertidas de hombres que un día soñaron con París, Londres, Nueva York; espectros sonoros, ébano enmascarado, veneno al fin y al cabo, clubes de Jazz improvisados en un callejón con cartas demasiado caras para estudiantes. Nosotros teníamos a Django Reinhardt y a Pete Fountaine, sus fantasmas tocaban desde aquel equipo de música de A. Infante escondido en un mueble a la manera de un sarcófago o una botella de licor. Espiga detenía la mezcla de las cartas, escuchaba el clarinete, dulcificando su rostro con el sonido, me miraba y señalaba el vaso vacío de ron, lleno de hielo y de hielo derretido, luego repartía siete cartas a cada uno mientras yo rellenaba los vasos de todos. Qué sed de olvido ¿Pero olvido de qué? Apenas levantaban nuestros recuerdos la más leve de las menos gratas melancolías.
Yo pensaba en Baudelaire, «il me semble que je serais toutjours bien là où je ne suis pas», pero realmente se estaba bien en aquel París fingido del ático: había un bálsamo de alcohol dentro de cada uno de nosotros, había un agridulce sonoro en la habitación, París era un espectro congelado tras el humo de tabaco rubio y el Yo invertido de la ciudad se nos hacía tan lejano que parecíamos otros. Aprendimos a escribir poemas que nadie entendía, tañíamos la guitarra con el talento de un taladro – salvo A. Infante, que siempre tuvo un tacto exquisito- y Espiga cantaba a veces o nos hablaba de Satie y de Bach. Pensaba yo por aquel entonces que el mundo se nos había quedado pequeño: cuarenta cartas de una baraja, setenta centilitros por dos botellas, sesenta y dos metros cuadrados de ático sobre varios centenares de metros de Gran Vía ¿Qué son los números en comparación con lo inconmensurable? Los deleites estaban siempre más allá, más lejos: Munch, Joyce, Ellington, Marilyn Monroe, esa extraña sensación turbia que volvía las calles del color del whisky.
Y nuestra eucaristía se extinguía cuando ya sólo quedaban en al calle borrachos y operarios que los azuzaban a golpe de manguera, el suelo mojado, un zigzagueo translúcido de vuelta a casa mientras amanecía por detrás de la Sabika y el río Genil parecía un cementerio. Allí las distancias se confundían con lo inconmensurable, el espesor del tiempo con el de la saliva, y la esperanza se convertía en una mancha oscura que el tiempo se encargó de desleir y de la que sólo nos quedó la medida exacta de la derrota: el punto en el que la esperanza se convertía en un recuerdo fingido, aquellos días en que no estuvimos en París.
Frogs
8 Junio 2009
Do you think Noah had to bring extra insects to feed the frogs? If so, were they told ahead of time they were the food insects versus the repopulating the world insects and if so to that, were they in a cabin like coach where they had to bring pre-purchased snacks?
Zach Braff
¿Crees que Noé tuvo que llevar insectos demás para que comieran las ranas? Y si fue así, ¿se les dijo de antemano que eran los insectos de comida en lugar de los insectos que iban a repoblar el mundo? Y si fue así, ¿viajaban en una cabina a parte donde tenían que llevar comida envasada?
Más o menos, Zach Braff
Plumajes
8 Mayo 2009
El pavo real abrió su abanico de colores irreales. Quise distinguir una mirada soberbia atisvando a la hembra, pero la timidez del ave le hizo girarse hasta recoger su plumaje en una larga cola turquesa. Al alejarme unos metros, el pavo volvió expandir su hemiciclo cromático. Lo agitó con intensidad de electrocución, generando un sonido tribal que, por desgracia para el insistente animal, fue ignorado por la hembra que picoteaba invisibles migas de pan por el jardín. Yo me alejé hacia el porche y me senté a la sombra, que se confundía ya con las primeras luces de la noche. Tras la sierra, el atardecer era malva, volviéndose de un morado cardenalicio sobre algunas nubes perdidas, oscureciéndose sobre mi cabeza y en el cielo que quedaba a mi espalda -tras la casa-. Olía más que a los rosales a lejana candela y a aire fresco, aromas relajantes que me inspiraron una placentera sensación de sueño y al pobre pavo le hicieron desistir -los pavos, según me han dicho, obtienen mejores resultados en ciertos rituales a tempranas horas de la mañana-.
A estas horas, casi siempre, suelo pasear yo por el camino del cementerio. Salgo de casa y sigo la carretera que atraviesa los olivares, paso la vaquería hacia el norte y subo la cuesta hasta que veo un poco más abajo los cipreses tras el muro blanco. Doy la vuelta entonces, me detengo a mirar la superficie rugosa de una almendra -me llama la atención la superficie lisa que se vuelve rugosa al acercar la vista y velluda al mirar aún más de cerca- y para cuando vuelvo a casa varios jóvenes se han congregado en la calle: hacen acrobacias con sus motos de pequeña cilindrada, aceleran sus motores, graznan a la par sin ton ni son, mientras algunas chavalas conversan entre ellas mirándolos de reojo. Yo recuerdo esa edad todavía, pero el tiempo debe haber borrado de la memoria los detalles humillantes, yo no hacía acrobacias temerarias y, por qué no decirlo, poco estéticas, provocadas por un torrente incontenible de hormonas, en absoluto -las hormonas sí las recuerdo, cómo no, dicen que se van pero se quedan-.
Me pregunto entonces por qué la naturaleza ha sido injusta, por qué el mundo se reparte mal y da al pavo, ave inferior, semejante escala de colores, tal tendencia a la elegancia y la sutileza, mientras el ser humano se limita a forzar unas máquinas alimentadas por un líquido negro, derivado del petróleo, haciendo sonar unos motores que rugen con potencia ciertamente ridícula. No se confundan: no siento una admiración poéticamente cursi por la belleza del plumaje de ningún ave, es que detesto hasta la locura el estruendo de esa máquina infernal a la que llaman ciclomotor.
Desnuda
8 Mayo 2009
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una Mujer Desnuda Y En Lo Oscuro. Mario Benedetti (Fallecido hace unas horas en Montevideo).
Jonás
8 Abril 2009
Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida.
Jonás 4:8
Tuve un pez naranja que se llamaba Abraham, uno de esos que a los dos o tres meses amanecen flotando con la panza hinchada. La gente venía por casa, lo veía nadar inquieto en la pecera y preguntaba ¿Cómo se llama? Abraham, respondía yo, ¿Es que has hecho alguna promesa? La gente ponía cara de asombro traumático y yo, interpretándolo como una forma de coartar la libertad simbólica de ponerle a mi mascota el nombre que yo quisiera (igual que la tortuga se llamaba obviamente Dartacán y el cáctus Hermann e incluso algunos gusanos tuvieron nombre, no todos), decidí que desde aquel día todos mis peces tendrían nombre bíblicos -aunque eso no sucedió hasta ayer-.
Abraham, imagino que por una mezcla de selección genética y de cuidados especiales, no murió a los pocos meses, sino que sobrevivió un par de años, empezó a perder su naranja brillante y se volvió blanco como las barbas plateadas de un Moisés recién bajado del Sinaí iluminado por la Ley de Dios. Mi madre cuidaba al pez como si fuera un rey del Antiguo Testamento: preparaba el agua varios días antes para que se evaporara el cloro, la guardaba en una habitación lejos de la calefacción pero no a la intemperie para que el agua estuviera a la temperatura adecuada, lavaba y enjuagaba los guijarros y la planta de plástico del acuario, manipulaba al pez con una red especial para no dañarle las escamas y lo alimentaba con cariño, el pez comía esas escamas de insecto triturado que hieden a rayos, pero se las echábamos con cariño.
Yo era relativamente pequeño, no recuerdo que edad tenía, y pese a haber recibido una educación de meapilas por parte de mis abuelos y de mis profesores del colegio, el nombre bíblico del pez se debía a razones claramente terrenales. Solía ver una serie de televisión protagonizada por un tal Webster, un niño negro que debía ser la viva imagen del Tostao cuando era niño. Webster tenía como mascota un pez llamado Abraham -al menos en la versión española- y yo lo único que hice fue copiar el nombre del pez -digamos que tome el serial como influencia, no lo plagié-, porque ya por entonces andaba rendido a la mediocridad, octavo pecado capital. Imagino además que se trataba de dos cosas que me gustaban: por un lado una serie de televisión, aparato que llenó muchas horas de infancia, y por otro el pez Abraham que nadaba incansable en una pecera en la cocina.
No sé cuántos años pasaron, pero la muerte no alcanzó a Abraham antes de que el naranja de sus escamas hubiese desaparecido completamente y se hubiese convertido en una transparencia casi completa (algunas vísceras cambiaban el color de su vientre y, entre los ojos, cuando miraba de frente al cristal de la pecera, se podía distinguir una profunda mancha oscura que debía ser la memoria del pez). Fue mi padre el que me dijo que Abraham había muerto al recogerme del colegio un día de nublado de otoño -por alguna extraña razón, hasta que cumplí trece años, todos los días de colegio fueron nublados y de otoño-. Los detalles no los conozco, sólo los imaginé: Abraham flotando con el vientre hinchado en la pecera en la cocina en una mañana nublada de otoño. No recuerdo haber sentido una pena inusual por la muerte del pez, porque de alguna forma sé que fue feliz pese a su longevidad. Vivía mejor que yo el pez maldito.
Han pasado muchos años desde entonces y ahora vivo con una mujer que también tuvo un pez naranja, de esos que se mueren a los dos o tres meses, que se llamaba Pipo y tuvo una longevidad extraña, aparentemente de récord. Ayer decidimos ampliar la familia y adoptamos a un pez naranja que, siguiendo la tradición de los nombres bíblicios, se llama Jonás y va a ser compañero de cautiverio de Dada, el hámster -el pez en su pecera, el ratón en su jaula, nunca al revés-. El pez no se llama Jonás a causa de ninguna promesa, como pudieron pensar erróneamente de Abraham, el pez, no el profeta, y tampoco porque viva a la sombra de una planta, sino por una casual combinación de mi afición infantil por la televisión y mi fanatismo por las novelas de Paul Auster.
Jamaś me habría fijado en el profeta Jonás de no ser por La invención de la soledad de Auster, ya no se trata sólo del extraño episodio en el vientre de la ballena, sino de la paradoja que envuelve el mito -y de la que he hablado ya en alguna ocasión-: Jonás es el único profeta que no es profeta. Además de huír de Dios, cuando es atrapado por el poder sobrenatural de quien todo lo ve, Jonás se queja, protesta, intenta escaquearse, huye y vuelve a caer en la desgracia de ser incordiado por un Dios que parece divertirse con el sufrimiento de Jonás, y para colmo, cuando cede y profetiza la desgracia sobre Nínive, Dios perdona a la horda de pecadores arrepentidos y deja a Jonás, con su profecía incumplida, fuera de la ciudad, deseando la muerte a pleno sol. Jonás es, además de un falso profeta, un detractor de Dios y llega a afirmar estar “enojado hasta la muerte”. Desde un punto de vista literario, analítico y agnóstico, teniendo en cuenta que Jonás tiene la certeza de que Dios existe -porque conversa y discute con él- y teniendo en cuenta que reniega de Él y prefiere la muerte antes que la existencia bajo el influjo de un Todopoderoso de justicia cuestionable, Jonás se perfila como un personaje no solamente curioso, sino extremadamente complejo e interesante.
Jonás, el pez, vive ahora en una pecera redonda sobre la mesa del salón, nada a ratos, come por la tarde y nosotros lo miramos preguntándonos si llegara a convertirse en un pez transparante como Abraham o como Pipo. Seguramente, cuando note alguna vibración en la superficie del agua y alce la cabeza viendo las escamas de pescado e insectos caídas desde el cielo embovedado de su pecera, se mueva instintivamente para comer, meneando su boca de pez, olvidando seguramente el pez gemelo al persigue a veces junto al cristal de la pecera, y quizás preguntándose quién habrá allá arriba. Quizás la escasa memoria de pez le impida continuar un pensamiento hasta balbucir un agradecimiento telepático en forma de oración, o quizás llegue lo suficientemente lejos como para maldecir su encierro en esta casa, en esa percera, en el pequeño cuerpo de un pez naranja. Tal vez Abraham, el pez, se enojó tanto al no poder salir de su pecera o al no poder escapar del pez reflejado en el cristal que prefirió morir, como Jonás, el profeta, mejor estirar la aleta que no poder escoger, peor la felicidad que la libertad, mejor la adversidad que el cautiverio, por encima de Dios el vientre de la ballena. Aún diría más, es el comportamiento institivo de todos los animales: Dada, el hámster, se acerca a mí a cambio de pipas, huye sin embargo cuando soy yo quien se acerca y maldice con sus gritos de roedor si la despierto para cambiarle el comedero o la arena. Me ama tanto como me odia y lo hace sin saber que, por más que haga o deje de hacer, yo no la veo cuando no estoy presente, no puedo observarla sin delatarme del mismo modo que no podría enviar una plaga sobrenatural a la jaula ni podría convertir su agua en vino, al fin y al cabo, cuando yo no estoy, es como si no existiera.
Nadie
8 Marzo 2009
El Tao engendra el Uno
El Uno engendra el Dos
El Dos engendra el Tres
y el Tres engendra los diez mil seresLao Zi
Imagino que la lectura de la traducción de un poema filosófico chino de hace unos cuantos miles de años, a causa de la distancia temporal, lingüística e idiomática y a falta de una investigación más profunda, requiere más de inventiva que de interpretación. Personalmente, me agrada leer estos versos de Lao Zi porque semejante resumen minimalista de la creación se presta a ser leído como una serie de instrucciones para la “autocreación” personal, por qué no, para la auto-re-construcción personal, y en mi opinión ayudan a cimentar perfectamente cualquier proyecto -desde el Tao (la nada), pasando por la idea, hasta la compleja realización del Todo-. Lo bueno de la ambigüedad es que este Génesis taoísta puede ser leído de cualquier forma, para cualquier cosa, y completado perfectamente con otras palabras de Lao Zi que, sin duda, son de áninmo: “Un viaje de mil li comienza con un solo paso” (hoy me permito citar sin referencias). Quiero que leais esto, porque quiero que os sea realmente útil:
The way that can be spoken of
Is not the constant way;
The name that can be named
Is not the constant name.The nameless was the beginning of heaven and earth;
The named was the mother of the myriad creatures.Hence always rid yourself of desires in order to observe its secrets;
But always allow yourself to have desires in order to observe its manifestations.These two are the same
But diverge in name as they issue forth.
Being the same they are called mysteries,
Mystery upon mystery -
The gateway of the manifold secrets.
Virgilio
8 Marzo 2009
Hos ego versiculos feci, tulit alter honores
Sic vos non vobis nidificatis aves
Sic vos non vobis vellera fertis oves
Sic vos non vobis mellificatis apes
Sic vos non vobis fertis aratra boves
Yo escribí estos versos, otro se llevó los honores
así vosotros no hacéis nidos para vosotros mismos, pájaros,
así vosotras no lleváis la lana para vosotras mismas, ovejas,
así vosotros no hacéis miel para vosotras mismas, abejas,
así vosotros no lleváis el arado para vosotros mismos, bueyes.
Existes
8 Marzo 2009
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).
Me basta así. Ángel González
Marzo es una aspiración. Quizás la obsesión poética por el otoño tiene en marzo un meillizo especular, un filtro cromático, un tacto plácido al cerrar los ojos paseando por un camino y dejar que el sol, sólo el sol, caliente la piel que cubre los ojos para que al abrirlos exista el verde imposible del prado, el perfecto contraste que delimita las zonas negras y blancas del pelaje de una vaca enorme que rumia tendida, el azul puro y único cada día del cielo.
Más allá de los colores del campo, del olor ténue de los coleos que cultivo con torpeza, del sabor intenso del café que bebo siempre antes del amanecer, quedan las palabras escritas: esta casa tienen una humilde biblioteca con libros de adorno que, ahora estoy seguro, jamás leeré -salvo algunos versos, antes de dormir-. Quizás viene ahora el tiempo en que los colores, los perfumes, el tacto ardiente de las sábanas en el soleado amanecer de primavera, importan más que la retórica barata, los versos de bisutería o las notas a pie de página de un libro que ya no entiendo -y sin embargo, cómo saber que es cierto, cómo creer en este instante de colores verdaderos después de haber renunciado tantas veces sin éxito a la palabra-.
Éste es el paisaje y no otro, el río de seda que borró los cuadernos donde escribía versos sin rima que me avergonzaba enseñar y conatos de novela que, ciertamente, jamás quise escribir: en todas direcciones se extiende el campo, retales de olivar, de pasto, una almazara humeante allá al este, en el centro una costura vertical que es el camino del cementerio, por el que vienes tú, sonrojada del sol, pensativa como siempre, secreta y silenciosa, morena y perfecta.
Argumentación religiosa a favor del aborto
8 Marzo 2009
1. El ser humano tiene alma desde el momento de la fecundación.
2. Hasta donde yo tengo noticias, existen el cielo, el infierno -repuesto por su Santidad Torquemada II-, pero el limbo lo cerraron hace tiempo ya, por lo que nuestros difuntos van, según su estado de pecadores o no -contando con que vale arrepentirse en el lecho de muerte- con Dios al Paraíso o con el Diablo al Infierno.
3. Analicemos la capacidad de pecar de un zigoto:
De palabra: Nula.
De obra: Nula.
De omisión: Nula.
Pecado de pensamiento: Nadie sabe hasta que punto el Malísimo puede tentar a un alma pura como la de un feto, pero considerémosla también Nula.
Por lo que podemos afirmar que un no nacido es un alma pura y, por tanto irá al cielo, pese a no estar bautizado.
4. La vida en el planeta Tierra es una transición hacia la eternidad junto a Dios, por lo tanto todo no nacido asesinado consigue saltarse gracias al martirio prematuro la parte más difícil del proceso.
Corolario: Su condición de mártir lo elevará a estratos divinos aún más cercanos al Altísimo.
Nota: aquel que practique el aborto infringe el quinto mandamiento, por lo que tiene dos opciones a priori:
1. Arrepentirse en su lecho de muerte, ser perdonado e ir al cielo.
2. Arder en un infierno en cuya existencia ni siquiera crea.
Sin embargo, podríamos contemplar el perdón del abortista si tenemos en cuenta que la vida del niño asesinado cruelmente es de predicción profundamente triste -el mero planteamiento del aborto significa que el hijo no va a tener los cuidados necesarios y que es bastante probable que su vida se convierta en una espiral de vicio- por lo que el abortista está evitando futuros pecados, es por tanto un predicador, un inquisidor anticipado.
TOC
8 Marzo 2009
Un viejo amigo un tanto excéntrico se auto diagnosticó un TOC. Curiosamente cuando nos lo dijo fue la única vez que nadie le tomó por loco.

